La inesperada virtud de la ignorancia

Yo quería hablar de dos cosas en esta entrada. No solo quería comentar una película magnífica, Birdman, sino también darle un rinconcito de mi blog a esos seres de la naturaleza que se dedican a darte el latazo cuando estás en el cine. Sí, me refiero a los típicos adolescentes que hablan a voces y ríen a carcajadas, a los adultos de mediana edad haciendo un ruido obsceno con las palomitas o las bolsas de plástico de las chuches, al señor mayor que huele mal y, por supuesto, a la estrella de nuestro elenco: los tórtolos que aprovechan la oscuridad para dar luz a su lujuria.

Esa gente hace que recuerdes la película que estás visionando con un cariño especial cuando llegas a casa. Y, si te toca sufrir todas las modalidades en una sesión, la película se almacenará en tu estantería cerebral bajo la etiqueta de “imborrable”.

Birdman es un espléndido trabajo de Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo, dirigido por el primero. Como bien se sabe, su protagonista es Michael Keaton, y se cuenta la historia de Riggan Thompson, un actor de éxito taquillero en el cine de superhéroes pero que, en el crepúsculo de su carrera, decide viajar por los elitistas ambientes de Broadway adaptando una obra de teatro filosófica y existencialista.

Desde el inicio hasta el final de la película se va extendiendo otra obra de teatro ante tus ojos. La estética que sigue el locazo que sujeta la cámara dibuja una caja escénica en toda regla y te mete de lleno en ella, llevándote entre bambalinas a su antojo para que te desprendas de la visión exigua que da el patio de butacas; los saltos de escena no son un corte y un fundido en negro o una cortinilla de estrella, sino que con un simple giro de cámara, como quien oscurece una parte del escenario, al espectador se nos presenta un nuevo fragmento de guion.

Tampoco podemos obviar que no deja de ser una película, y no una obra de teatro, lo que estamos viendo, y hay momentos más puramente cinematográficos, como el alarde de filmación de espacios al aire libre que se muestra cuando Birdman decide volar por Nueva York y dejarnos ver esos taxis amarillos. En cuanto al género, sabemos que la Academia de los Oscar la ha calificado de “comedia”, pero no es necesariamente una de esas comedias de reírse a carcajadas. Hay momentos de humor para reír, pero también hay momentos de humor que están ahí para hacerte pensar y darle al coco, reflexionar sobre el arte y el ser humano contemplando lo patético que puede llegar a ser todo si lo observas con un poco de detenimiento.

Hay frases que, aisladas, tocan la categoría de excelentes; interpretaciones que dejan con la boca abierta y las ganas de aplaudir, y una banda sonora a base de un batería negro que no deja de crearnos la sensación de estar tan desquiciadamente ansiosos como el propio protagonista.

¿Que resulta que te tocan dos adolescentes detrás que no hacen más que reírse como dos cosas tontas? Bueno. ¿Que eres capaz de oír cómo al otro lado de la sala están mascando maíz? Vale. ¿Que tienes al hediondo señor tocado de la próstata delante y empiezas a sentir náuseas a los quince minutos? Está bien. ¿Que justo, justo al lado tienes a dos tórtolos que no precisamente te están dando la película por estar acaramelados, sino porque el muchacho es medio gilipollas y no para de decir cada dos minutos “es imposible, es imposible” debido a que no comprende nada de lo que está viendo? De acuerdo. Pero no te pierdas esta peli por nada del mundo.

Ya sabes, la vida es un teatro. Y, para saber interpretarlo bien, tienes que haber chupado antes mucha butaca.

Kamehameha

Es una verdad universalmente conocida que, cuando se va con bajas expectativas a algo, ese algo acabará viéndose menos malo de lo que es. Y, si estamos hablando de cine, este fenómeno pasa nueve de cada diez veces.

Claro que las estadísticas sirven, como dijo Homer Simpson, para convencer a alguien de lo que quieres. Y yo vengo a convenceros de (o, simplemente, a comentaros) que Dragon Ball Z: la batalla de los dioses (la peli, aunque he de decir que el manga es idéntico en cuanto a guion) no es tan mala como la ponían.

Bueno, a ver, no podemos decir que sea un peliculón, porque eso sería mentir, y yo nunca miento. La cuestión es que todas esas malas críticas, todas esas quejas de los fans y esa cortísima estancia en cartelera quizá fueran un poco exageradas. Es cierto que argumentalmente deja mucho que desear, que es una historia bastante floja, y que viene poco a cuento. Parece que Toriyama se aburría un día en casa y decidió ponerse a rascar de entre episodios a ver si podía echarse a dibujar algo. Qué artista no ha hecho eso en un momento de bajón.

Lo que diferencia a un buen artista de un mal artista, entre otras cosas, es que, precisamente, en sus momentos de bajón sabe manejarse. Aunque esté produciendo una m, es consciente de ello. La única salida inteligente que hay a estar produciendo una m es tomárselo con humor. Y es lo que ha hecho este hombre.

Nos situamos en un momento entre medias de Dragon Ball Z Dragon Ball GT. Es el cumpleaños de Bulma y un tal Bills, alias “Dios de la destrucción suprema”, decide despertarse y empezar a cargarse cosas. Kaioshin, como es natural en él, se asusta como un ratoncito y trata de evitar a toda costa que Goku se entere de que existe un adversario como Bills, pero fracasa en el intento. Hasta aquí, nada nuevo. El mangaka ha decidido copiarse a sí mismo.

Como digo, desde el punto de vista del argumento no se aporta nada jugoso, aunque quizá el final pueda sorprender un poco. Pero hasta que eso ocurre, las líneas de la trama son predecibles, frívolas y nada significativas. Y eso no es lo peor: el autor decidió meter referencias al pasado muy traídas por los pelos, a modo de Peter Jackson en El Hobbit 3, logrando así ciertas incoherencias que te hacen esbozar una sonrisita condescendiente.

Ahora bien, ¿qué tiene esto de bueno? Pues que también se esbozan otro tipo de sonrisitas. En ocasiones, carcajadas. El guión está plagado de guiños frikísimos que solo un fan encontraría graciosos. A pesar de que Goku parece retrasado (el doblaje no ayuda tampoco), el antagonista es un gatito patético (aunque fuerte, eso sí) y el resto de compañeros de reparto han perdido toda la dignidad, hay momentos en los que no puedes evitar partirte la caja. Son bromas estúpidas, muchas veces sacadas de contexto, pero que si conoces bien Dragon Ball te harán pasar un muy buen rato. Incluso, podríamos destacar a su favor momentos muy tiernos que te llegan a emocionar. Aunque sigue sin mostrarse algún beso entre Bulma y Vegeta (en serio, esos dos, ¿qué vida matrimonial tienen?), vemos un lado humano, despertado por su señora esposa, en el príncipe de los saiyans; Goku sigue siendo tan ambicioso y humilde a la vez como siempre, y se nos anuncia (OJO: SPOILER DE DRAGON BALL GTel embarazo de Videl de una forma muy original y conmovedora que no describiré por no spoilear la peli.

Y, por supuesto, batallas no faltan. Batallas épicas, transformaciones sorprendentes, y el conocimiento de una figura a la que denominan “supersaiyan dios”. Suena excitante, ¿no?

En definitiva: si eres fan de Dragon Ball, no te la puedes perder. Aunque puedas llegar a sentirte ofendido por la sarta de chorradas que vas a ver, haz como el autor: tómatelo con humor. No es más que un bomboncito de su parte para los fans después de tiempo de silencio.

Amor de madre

Por fin ha llegado el día. Ese día que se veía venir, que se olía en el aire, desde hacía mucho tiempo. El día de hacerle un maldito homenaje a la psicopatía filmográfica. El día de, finalmente, añadir un nombre en mi lista de reseñados -para bien-: Quentin Tarantino.

Quería resistirme a hacerlo. Hay mucha gente suelta fan de Tarantino y, digamos, no va a ser nada sorprendente que me ponga a soltar halagos sobre este tipo. Pero, qué demonios, ha conseguido alzarse como uno de mis directores y guionistas preferidos, así que allá voy.

Podría hacer un comentario en general de todas las pelis suyas que he visto, pero prefiero centrarme en la última y más reciente, Kill Bill. Simplemente, porque me da la gana.

Kill Bill es una maravillosa bilogía protagonizada por la gran Uma Thurman y su melena rubia. Ambas películas están dispuestas del modo en que más disfruta su autor: en capítulos que muestran la historia por partes desordenadas cronológicamente. Es decir, que la historia empieza en un punto concreto para después pasar a la mitad y luego hacerte un flashforward y después un flashack y, cuando crees que te estás enterando, te añade un capítulo explicativo o uno anecdótico y te quedas con cara de what-the-fuck. O quizá no, yo no he podido quitar los ojos de la pantalla en ningún momento. Más que nada, porque en las pelis de Tarantino (y esto es un consejo) no hay nada (¿me oyes?), NADA que sobre en los diálogos. Es cierto que tiene unos diálogos muy extensos y a veces tan filosóficos que lo único que piensas es que te está tomando el pelo, pero colega, créeme cuando digo que no te conviene perderte ni palabra.

QT nos cuenta la historia de Uma Thurman. Sí, Uma Thurman. Nuestra protagonista, una escuálida mujer de melena dorada que aparece en el noventaitantos por ciento de las escenas, no tiene nombre hasta el último cuarto de la segunda película. De hecho, cada vez que van a nombrarla (y esto ocurre desde el principio de la primera peli), un pitido en off cubre el nombre de nuestra heroína, como si este fuera una blasfemia o una palabrota que los niños no pueden escuchar. Nosotros somos los niños, claro. Pero, paradójicamente, somos unos críos que nos vamos a tragar unas cuantas horas de peleas a espada, cuchillo, puños y fuentes de sangre que emanan a chorro y a presión de los miembros cercenados de los enemigos de Uma, a quien nos podremos referir como Arlene (nombre falso, no os preocupéis), The Bride (La Novia, y no os voy a decir exactamente por qué) o Black Mamba, un tipo de serpiente letalísima. Una preciosidad como esta:

Con este misterio, y sabiendo que nuestra prota ha sido violentamente golpeada y disparada básicamente hasta la muerte por un tal Bill y su panda estando ella embarazada y en traje de novia, no vamos a querer levantarnos hasta saber si Uma se va a vengar de cada uno de los miembros del escuadrón de Bill después de despertar de un coma de cuatro años. He aquí los bastardos (que nada tienen que ver con los Malditos Bastardos que nuestro director estrenó años después) que van a poblar su Death List Five (sí, soy consciente de que aquí solo hay cuatro).

Con esta excusa, Tarantino va a desplegar todo un homenaje (¿también con un punto paródico, y sobre sí mismo? Por qué no) a las películas orientales de artes marciales. Por algún extraño motivo, Bill, Uma y el escuadrón se han entrenado en Asia, y saben kung fu y pelear con catana como verdaderos samuráis, además de pelearse por ver quién es el mejor asesino de arma blanca (ah, y de volar cuando están chocando los aceros, logrando una coreografía espléndida). La espada de Uma va a ser casi otro personaje de la película, al igual que la idea de venganza de nuestra prota, que no va a descansar y va a recibir todos los balazos, cortes de acero japonés, puñetazos y cabezazos pertinentes hasta llegar a Bill. Bill, siempre Bill es el objetivo, a quien no le vemos la cara hasta la segunda película. Solo es su voz envolvente y casi dulcemente varonil lo que tenemos para conocerle.

De fondo, la Novia va a tener una banda sonora alucinante de mezcla de culturas (yanqui, mexicana, japonesa, china e incluso un poco de flamenco andalú) que, desde luego, invita a matar. A matar, o más bien, a hacer del asesinato una obra de arte. Eso ha querido Tarantino. Bien es cierto que, estructuralmente, las escenas de peleas pardas con los malos malotes brillan menos de lo que podrían porque, en un momento previo, la Mamba Negra se ha tenido que cargar a otros malos un poco más pringaos y tú te has quedado sin fuerzas para sobrevivir a otro combate. Pero, si amas la cultura oriental, los toques de humor negro (negrísimo, nigérrimo), las escenas magistrales en que masticas la esencia del cine y, si amas la sangre, chico, este es tu lugar. Le vas a perdonar cualquier cosa a Quentin.

Y para que os muerda la curiosidad definitivamente, un trailercillo:

And now, we riiiide

¿Existen las películas para niños?

No, en serio, piénsalo. Nombres como Disney, locuciones como dibujos animados, ¿son verdaderamente para críos? ¿De verdad?

Pongamos un ejemplo: cuando Scar entona su ilustre Preparaos, ¿creéis en serio que “Disney” estaba pensando en los niños?

Cuando vemos Los Simpson, ¿esas coñitas las entiende un pequeñajo?

No es oro todo lo que reluce, y es que me da a mí que los infantes son los mayores olvidados del cine. No hay, señores, películas para los niños. Para ellos relucen muchas cosas, pero no el oro del celuloide. ¿O no es cierto aquello de que disfrutas más las películas cuando eres mayor que cuando eres pequeño? Quién no ha oído eso de “la vi unos años después y me gustó aún más”, “entendí más cosas”, “pillé más chistes”. Pues claro, hombre, claro.

Luego están esas pelis que cuando eres mayor no puedes aguantar, a lo que vuelvo a preguntar: ¿Esas se hacen pensando en los niños? Si se hacen, los autores tienen muy mala baba al considerar a los críos imbéciles.

La película que ha hecho estallar este cargante dilema intelectual es ni más ni menos que Rango. Cacho peliculaza buena. Sí, es esa del lagarto ese con pinta de pringao. Pero, PERO, ay, pero es que este lagartijo está interpretado por el impresionante, esplendoroso y enormérrimo Johnny Depp.

Sabemos que Johnny es de apuntarse a un bombardeo con la condición de que el bombardeo sea raro, friki y original. Pues esta película, al mando de Gore Verbinski (director de las tres primeras partes de Piratas del Caribe), lo reúne todo. Incluso el hecho de no ser para niños. Vale que sea animación, pero ya he dicho que dibujito no es igual a para los nenes.

La primera bocanada que le das a la peli recuerda a Arizona Baby de los Coen, pero sin bebés: Estados Unidos, sur, calor, desierto, calor, arena, mucho calor, música medio india medio no sé cómo, prota raro. Tenemos a Rango (bueno, a un bicho verde con escamas sin nombre), que se nos presenta como un ambicioso mindundi con delirios de grandeza y el sueño de hacer carrera como actor. El pobre Rango, seguramente mascota de alguna dulce pareja de recién casados, se pierde en medio de la carretera en pleno desierto norteamericano, donde el agua se evapora antes de ser agua y aparecen personajes, todos ellos animales, a cada cual más pintoresco.

Rango va a intentar moverse hacia donde haya agua para poder dar un trago bajo ese sol de justicia, lo que va a llevarle al pueblo de Dirt (traducido como “Polvo” en el doblaje español). Este hermoso argumento va a desatar un homenaje, si no a Johnny Depp, sí a Piratas del Caribe. Pero vamos, más descarado no podría ser: el pueblo se llama “Dirt”, ‘tierra’, de lo que estaba relleno el tarro de Sparrow,

la rueda en la que pelean Will, Jack y el ex Comodoro la vemos realizada en una rueda de bici; Jack en el Mundo de Davy Jones (Davy Jones’s Locker para los más fanáticos) con cangrejos y Perla incluida aparece cuando menos te lo esperas, o (mi preferida) te cuelan sin miramientos la escena del banco de arena en P3 en la que Beckett, Will, Jones, Jack, Barbossa y Elizabeth negocian antes de la gran batalla, con los planos de las botas húmedas por el agua del Caribe hundiéndose en la arena blanca mientras la guitarra eléctrica nos sacude la columna vertebral con sus acordes (no soy fan de Piratas ni nada).

Pero de verdad, yo os juro que he visto más homenajes a Depp a lo largo de la película: hay un tío clavado al personaje de Johnny en Miedo y asco en las Vegas, y la entrada que nuestro camaleón (o lo que sea) hace en Dirt recuerda ciertamente a la de William Blake en Dead Man. En cualquier caso, acabaré diciendo que el antagonista de Rango, Rattlesnake Jake (“Veneno Jack” en español), viene interpretado por (taráaaaan) Bill Nighy, alias Davy Jones, y ese olor a mar que te sacude cuando Rango y Jake se miran a los ojos por primera vez no lo puedes ignorar.

Una vez que Rango llega a Dirt, este pobre diablo la va a liar parda porque, en uno de sus tantos impulsos ególatras, va a tratar de fingir lo que no es solo para darse importancia. Lo que no sabe es que las mentiras pueden venir preñadas de esperanza, y mira que es harto delicado unir a un grupo de humildes lugareños mediante un solo propósito: recuperar el agua, su bien más preciado, el cual les ha sido arrebatado de una manera cruel, extraña y sospechosa. Los personajes van a vivir un auténtico western, con su bueno, su feo y su malo, la chica (una lagarta -literalmente- de mucho carácter con acentazo sureño y provinciano, Beans “Habas”), revólveres, bancos y cantinas. Todo ello guisado con un humor ingenioso e irónico, quizá un poquito surrealista y además acumulativo. Ten cuidado porque te puedes quedar sin aire en algún momento. Lo sazonamos con una banda sonora (en su mayoría composición de ¡sí! Lo has adivinado: Hans Zimmer, mismo autor de Piratas) pegadiza, animosa y de mucha cuerda a manos de un grupo de búhos mariachis y tenemos el plato servido, desde un gusto tradicional con el más puro country hasta un bocado más exquisito con la Valkiria de Wagner pasada por el banjo.

Estas son cosas, al igual que el mensajillo filosófico que te suelta la peli así como quien no quiere o las pullitas sarcásticas y subidas de tono, que los niños no acabarán por entender ni reír de verdad hasta que no sean mayores. Así, ¿qué nos queda? Los niños son los mayores olvidados en este mundo de adultos. Savvy?

P.D: Este es un post de una fan de Johnny Depp para los fans de Johnny Depp. Siento si ha sido demasiado exhaustivo, pero es que, mi gente,

No man can walk out on his own story – Rango.

 

Absolutely brilliant, darling

Creo que todos en algún momento de nuestra vida hemos odiado hacer un comentario de texto (esas torturas horribles a las que te sometían en bachillerato), y más si se trata de un comentario de texto “tipo”; es decir, con sus apartados organizados por orden de importancia. Si no has tenido ocasión de odiar esta actividad, enhorabuena, pero sé que mientes, así que allá tú con tu conciencia.

Pero hoy se da la casualidad de que el esquema creado para hacer un comentario de texto estándar (o como demonios queráis llamarlo) es el que voy a emplear para reseñar la última peli que he ido a ver al cine. Que sí, que ya sé que el cine es un código distinto a la literatura, pero sigue teniendo palabras, así que no deja de ser un texto.

La última película para la que me he dignado a desplazarme y a dejar parte de mi riñón izquierdo para comprarme la entrada con la que acudir ha sido The Grand Budapest Hotel (El gran hotel Budapest en español, no tiene mucha pérdida), esa película de la que ves el tráiler y lo primero que piensas es “vaya frikada, frikada rara”.

En efecto, eso es lo primero que piensas. Lo segundo, después de que tu friki interior te haya pinchado y te haya movido a mirar de refilón el folleto del cine empleando para ello una gran dosis de curiosidad morbosa, es “menudo repartazo”. ¿Te has dado cuenta? Brillando como protagonista se encuentra Ralph Fiennes, seguido de Adrien Brody, Tilda Swinton, el guaperas de Jude Law, Willem Dafoe, Jeff Goldblum (el personaje ese de pega de Jurassic Park), Edward Norton, Saoirse Ronan (la niña desquiciante de Atonement de Joe Wright), Bill Murray o el eminentísimo F. Murray Abraham, entre otros. Es para caerse de espaldas.

El reparto es lo que finalmente te hace decir “sí” a la pregunta de “¿vas o qué? Quieres ir, ¿eh? Admite que quieres ir” con la que empieza a acribillarte tu cerebro.

Pero lo que te hace ir con ganas, definitivamente, es el director, Wes Anderson.

 

El director

Si ves Todo Cine, te diré que Wes Anderson es el tío de los planos cenitales. En todas sus películas, raras como ellas solas, mete siempre un plano desde arriba para enseñarnos algo importante. El primer plano cenital de The Grand Budapest Hotel nos enseña un libro, homónimo con la película, en el que acabamos por introducirnos mientras una chiquilla lo sostiene entre sus manos para leerlo.

Tras esto, aparece un señor con bigote del que deducimos que es el autor del libro. Empieza a contarnos cómo se inspiró para escribirlo, y para ello se suceden más planos made in Anderson que nos muestran el susodicho hotel. Un lugar aparentemente aislado, rozando (sin llegar) lo caricaturesco, muy de maqueta de casa de verano de Barbie, y tenemos el escenario del que va a partir todo.

Después de cuatro esbozos en off por parte del autor, la voz se sustituye por la de Jude Law, que a su vez acabará siendo sustituida por la de F. Murray Abraham alias Salieri. Estos cuatro planos serán, junto con las escenas propiamente dichas, los constructores de la historia.

 

Argumento

Perdón, ¿he dicho argumento? Hmmm… Menudo jardín en el que me he metido. No puedo contar el argumento. No porque no lo haya, claro que lo hay. Pero no sigue la estructura prototípica de 1) Planteamiento del problema, 2) Nudo o desarrollo, 3) Desenlace. O sea, claro que la sigue, pero no de la manera típica. No es de esas películas en que si le cuentas a alguien que no la haya visto lo que sucede hasta el planteamiento del problema ya lo tienes convencido para que vaya a verla. No es de esas películas en que más o menos intuyes qué va a pasar al final, pero te vas contento porque ocurre lo que querías que ocurriera, ganan los buenos-pierden los malos. No es que no pasen esas cosas (o sí), es que el argumento no es propiamente lineal. Hay un planteamiento del problema, pero de este no se suceden los demás hechos como en un flujo recto. Se suceden, sí, pero hay un problema, y luego otro, y luego otro, sin llegar a haber tampoco un plot twist. Lo que ocurre, en realidad, es que juegan a su antojo con eso de la previsibilidad, tirando de un humor que a mí me ha recordado bastante a los hermanos Coen (violencia gratuita y repentina, pero que por algún extraño motivo no puedes dejar de mirar con una risita nerviosa) y sorprendiéndote con cada hilo argumental que tienen los diferentes capítulos en que está dividida la peli, como en las entregas de Monkey Island.

Pero si hay algo que verdaderamente hile la película y le dé coherencia, es su protagonista, Monsieur Gustave.

 

Los personajes

-Monsieur Gustave: interpretado por mi querido Ralph Fiennes, es un personaje que me ha cautivado. Ralph está brillante, el personaje es brillante. Es el conserje del hotel, y por lo tanto el mandamás del servicio y responsable del buen gusto y la discreción en pasillos y habitaciones. También tiene la curiosa costumbre de tener líos con señoras mayores, rubias y forradas de pasta. Humildemente diré que me pareció casi un personaje sacado de una obra de Oscar Wilde: cínico, amanerado, inteligente a rabiar y con una sexualidad bastante abierta (o peculiar al menos), aficionado a la poesía romántica; además del maravilloso detalle de que Ralph lo hace parecerse (no sé si conscientemente o no) a Stephen Fry. Dios, es clavadito en la manera de hablar, en el tono de voz, en el léxico que emplea, en el amaneramiento ese extraño tan de acabar todas las frases con “darling”. Oscar Wilde total.

Eso sí, hablando se le entiende mejor que a Stephen.

-Zero: Bueno, he hablado de Gustave, pero no del otro protagonista (casi más importante que el propio Gustave). Se trata del Salieri jovencito (y por tanto el último de los narradores, recuerda), un chaval adoptado espiritualmente por el susodicho conserje del hotel y con el que correrá las aventuras que él sufre. Chico tímido, humilde, y sobre todo fiel y un buen amigo. Veremos su evolución y madurez a lo largo de la película. Muy majete él.

-Dmitri: si algún fallo tiene esta película, es que cogieron a Adrien Brody para este papel. Quiero decir, el personaje está hecho para salir poco, porque es el malo malísimo y tiene demasiada clase como para salir demasiado. Y, para mi gusto, Adrien sale demasiado poco.

Nah, es broma. Adrien está perfecto, como siempre. Y es que como que deja una estela de elegancia y estilo cada vez que sale…

-Jopling: ¿He dicho que Dmitri era el malo malísimo? Bueno, lo es, pero sin mancharse las manos. Jopling (Willem Dafoe) hace el trabajo sucio de forma manual.  Un psicópata terriblemente fiel a su familia que está dispuesto a matar (total, qué es matar sino limpiar un poco de sangre después) en beneficio de sus patrones. Así da gusto.

-Madame D: No es que la señora salga mucho, pero su presencia en la vida, en el mundo, es determinante. Es una de las mujeres cuyos últimos años de vida Gustave iluminó un poco más. La señora, rica hasta decir basta, se enamora de nuestro querido conserje y le deja un cuadro de incalculable valor como herencia. Esto cabrea mucho a su primogénito y único hijo varón, Dmitri, y he ahí el lío que se monta. Además, claro, de que Madame D (una irreconocible Tilda Swinton) era una tía lista y tenía un plan B para la herencia en caso de que muriera en extrañas circunstancias. ¿Lo hizo?

Vete al cine y lo sabrás.  Porque no solo vas a encontrarte con una trama aparentemente disparatada y unos personajes la mar de raros. También vas toparte con una estética totalmente Anderson (planos supermegarrectos para los decorados, transiciones abruptas entre personaje y personaje), unos diálogos brillantes que dicen más de lo que parece que no dicen, y un humor entre excéntrico y surrealista que te mantiene clavado a la butaca toda la película.

Así que solo me queda decir que la peli fue absolutely brilliant, darling.

Y he aquí el tráiler de rigor:

 

In a British way

Hacía mucho que no gozaba de la concentración suficiente como para sentarme a leer un libro y/o ver una película en condiciones. Yo tenía un tremendo cargo de conciencia, Dios mío qué me ocurre estoy-perdiendo-facultades, pero hoy ha sido el día en que he vuelto a renacer de mis cenizas.

Además, estoy muy contenta con el material que he usado para mi renacimiento. Hacía mucho que no me metía de lleno en la cultura de ese país del norte de Europa. No, no tan arriba, por ahí entre el Atlántico y el Mar del Norte. Una isla que los romanos llamaron Britania.

Empecemos por la película. Acabo de ver la comedia británica (le pongo este apellido porque significa mucho al lado de “comedia”) The Best Exotic Marigold Hotel, de John Madden, protagonizada por mucha gente. Entre esta gente, se hallan la gran y magnífica Judi Dench, junto a la majestuosa y única Maggie Smith, el un tanto excéntrico pero siempre elegante Bill Nighy, Tom Wilkinson y, como grata curiosidad, el chico de Slumdog Millionaire (Dev Patel).

La película trata la historia de un grupo de “personas mayores”, “entradas en años”, casi de la “tercera edad” (podría seguir con los eufemismos, pero ya paro) que no se conocen de nada, pero tienen algo en común: sus vidas están temblando por una serie de circunstancias personales: la muerte de un ser querido, crisis matrimonial, soledad. Sobre todo soledad, es la gran jugadora del juego, y la que impulsa a los protagonistas a tomarse un tiempo en el Hotel Marigold, situado en la India y regentado por Sonny, un manojo de nervios en forma de chico alocado que sueña con convertir el hotel que ha heredado de su padre en el lugar perfecto de retiro para la gente mayor.

Con mucha ironía, la más pura y refinada ironía inglesa, todos los viajeros traban amistad entre ellos dentro de la inestabilidad que supone estar alejado de tu cultura y, cada uno con su historia diferente, acabarán su viaje de la manera que menos se esperaban.

Con esto quiero decir que la película está muy, muy bien. Tiene momentos que recuerdan a Richard Curtis, pero sin tanto romanticismo ni Rowan Atkinson pululando por ahí. Un análisis de la vida, con personajes que han vivido mucho, y un punto de vista británico que le da la puntilla a la historia. Claro que, si no te gusta la cultura británica, no la disfrutarás tanto como he hecho yo. Tampoco disfrutarás tanto si te decides a leer el libro que te voy a recomendar ahora. Estoy metida en Persuasion, de Jane Austen, y es lo mejor que he podido hacer. Un par de amigas mías convienen en que es la mejor novela de JA. No sé si podrá superar a Pride and Prejudice, pero os lo contaré si lo hace. Aunque es cierto que apenas he leído un poquito y estoy enganchadísima, a pesar de que el estilo de Jane Austen tiene la fama de ser, digamos, un poco “afectado”, si bien tiene mil y una virtudes que sufragan eso. Para los que no la conozcáis, Jane Austen es el orgullo y prejuicio de la literatura femenina y de la literatura universal en general, y si lo es, es por contar historias siempre desde el punto de vista femenino, con heroínas que destacan por su bondad e inteligencia del resto de la sociedad que se mueve por inercia a las convenciones tradicionales . Además, como base del hilo argumentativo siempre hay una historia de amor que está llena de tensión (sí, también tensión sexual, aunque no se diga ni una palabra cuyo significante pueda traernos a la mente alguna noción erótica) y con un galán que es, sin llegar a ser perfecto, el perfecto caballero romántico. Para mí, no hay quien pueda vencer a Mr. Darcy (y aún menos después de haber sido interpretado por Colin Firth y Matthew Macfadyen), pero he de decir que el Captain Wentworth de Persuasion me está enamorando poco a poco, a pesar de, como he dicho, no ser perfecto (es bastante, si no sexista, quizá paternalista con las mujeres), aunque todavía me queda mucho por ver. Estoy deseando continuar.

Así que os dejo. Os dejo un tráiler del Hotel Marigold

http://www.youtube.com/watch?v=C-lsTH_wGqw

Happy Birthday, Hugh

Fifty-four years ago a brilliant blond kid was born, under the grey clouds of England, with his thumb pointing to West. The kid grew up, and a negro spiritual filled his head with notes, passion and blood. Due to this, he took a Professor with Longhair as a teacher in the path of the life; this life that, actually, is a tango burlón y compadrito, full of notas agoreras.

Many years later, after the brilliant blond kid was a Prince Regent, a dog thief and a doctor with no trend to shaves and ironed shirts, the thumb finally touched the place it always pointed. The kid made his dream real, and then the thumb started playing a piano. Now, this thumb makes smile, sing and dance so many people around the world that the brilliant blond kid has became a leader. A spiritual leader, who leads us through the blues music, through the don’t-wait-for-doing-what-you-love, through the passion for a dream. And just Let Them Talk.

Happy Birthday, Hugh Laurie

El Spoiler de mi vida

No me gustan los spoilers. A quién, me diréis vosotros, pero es que yo padezco una hiperestesia horrible por ellos. Una sola palabra, una sola mirada de alguien que ya conozca lo que va a pasar, y esa noche no duermo.

Pues hoy me he comido el spoiler de mi vida, y lo peor es que ha sido culpa mía. O por culpa de Cronos. Anyway.

La cosa es que he ido a ver Great Expectations al cinematógrafo (xD). Hasta aquí bien. Todo se complica cuando digo que he ido con el libro leído a medias.

¡Sacrilegio! ¡Herejía! ¡Bruja, a la hoguera! Vale, todo lo que queráis. Pero es que no tengo tiempo material con este curso de mierda que estoy teniendo, y he de decir que la primera tercera parte de GE es un poco coñazo anodina. Vale que todo tiene un trasfondo luego, no hay ripios en los versos prosaicos del señor Dickens, pero bueno. Lo gracioso es que cuando la lectura empezó a ponerse interesante (cuando Pip crece un poquito), ha sido el momento en que he ido al cine. JUAS, me parto.

La peli. Naaaaaah, la peli… está bien. No es para tirar cohetes y hacer la fiesta más grande del mundo, pero está bien, a pesar de que la Estella del libro tiene mucha más personalidad que en el film, el Pip peque no se corresponde en nada con el Pip grande (lo que ocurre en muchas pelis, no sé por qué), y la interpretación de los jóvenes protagonistas no es de Oscar. Por lo demás, está simpático aquello de ver a Hagrid haciendo de Jaggers, o al guapo de Ralpf Fiennes haciendo de forzado, y por supuesto a la gran Helena Bonham Carter interpretando a la siniestra señorita Havisham. Helena está estupenda, como siempre. Es el alma de la peli. Pero no me hagáis caso, no soy objetiva cuando se trata de la mujer que puso voz a The Corpse Bride.

En conclusión: diría que, si os interesa Dickens y meteros en ese siglo XIX inglés tan encantador, podéis echarle un vistazo. Si no, tampoco os perdéis mucho, una buena obra, a lo sumo, aunque no sea mi preferida de Dickens. Por eso no acabo de entender que Mr. Pip, una película de la que os hablaré seguro (si es que llega a España; si no, también), esté inspirada en Great Expectations teniendo a Oliver Twist o a David Copperfield, but hey, it’s a great work of a great writer.

 

Caifás

El otro día escuché algo que no puedo calificar como menos que de  BLASFEMIA. Oí a Jack Black (ese actor) decir de Jim Morrison que no era más que un borracho que se creía poeta. Me rasgué las vestiduras.

Y es que, aunque no sea uno de mis grupos preferidísimos (toda mi devoción va dirigida a sus Satánicas Majestades, sobre todo al papá del Capt. Jack Sparrow), hemos de reconocer que The Doors tiene un merecido puesto entre las más altas esferas del rock y del blues. Será porque soy muy nietzscheana y freudiana (a Marx… bueno, algo le debo), pero la poesía de Jim Morrison tiene algo muy provocador dentro de la tradición de la que deriva. Cierto es que en una de mis novelitas lo llamo indirectamente “drogata de mierda”, pero nunca me he metido con su faceta artística. Hay que saber distinguir entre el hombre y el artista.

Ahora es cuando todos los que me conocen dirán que llevo mil años obsesionada con Hugh Laurie sin hacer distinción alguna entre el hombre y el artista. Yo les diré que, en realidad, mi cerebro está bipartito. Una vez alguien se asustó porque dije que, dentro de ese lóbulo desarrollado aparte en mi cerebro, mi obsesión por House va por un lado y mi obsesión por Hugh Laurie va por otro. Algo así hay que hacer cuando veneras a alguien. Os lo digo como fangirl experta. Hay que tener claro que nuestros ídolos son humanos, lo único inmortal es su talento.

Y ya he predicado demasiado. Os dejo con una de mis favoritas:

En vistas de que en la entrada anterior llamada Una de música los enlaces no funcionan malditocacharrodemierda, os los vuelvo a poner aquí:

¡Patasarriba, esto es un atraco!

Read a book! Read thousands of them!

Bitácora de arena

No pun intended.

CajonDesastre78

No pun intended.

Contenedor de Océanos

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